La seguridad también se mide por lo que no se cuenta
Hablar de transporte público suele llevar a preguntar cuántos delitos se denuncian en estaciones, vehículos o alrededores. Sin embargo, esa mirada puede dejar fuera una parte importante de la experiencia cotidiana: las personas que sufren violencia y no se lo comunican a nadie. La percepción de inseguridad se forma también a partir de silencios, cambios de rutina, desconfianza y decisiones destinadas a evitar una situación que se considera peligrosa.
Una estadística sobre delitos registrados muestra los hechos que llegaron a conocimiento de una institución. No representa necesariamente todos los episodios ocurridos ni todas las experiencias que influyen en la manera de desplazarse. Por eso, al analizar la seguridad del transporte público en España o en América Latina, conviene distinguir entre el volumen de denuncias, la experiencia directa de la población y la sensación de riesgo.
La tabla SVS195, elaborada por la Oficina Central de Estadística de Irlanda, aborda precisamente las razones por las que personas adultas que experimentaron violencia sexual no informaron a otras personas. Su utilidad para estudiar la movilidad no consiste en ofrecer una tasa de delitos en el transporte, sino en recordar que la ausencia de comunicación tiene causas que deben medirse y comprenderse.
Tres preguntas que no deben confundirse
| Pregunta | Qué puede mostrar | Qué no permite concluir por sí sola |
| ¿Qué hechos fueron registrados? | La respuesta de las instituciones ante los casos conocidos | La totalidad de los episodios ocurridos |
| ¿Qué experiencias declara la población? | La violencia sufrida, aunque no haya denuncia formal | El nivel de riesgo de cada estación o línea |
| ¿Por qué una persona no lo contó? | Las barreras que dificultan pedir ayuda o buscar apoyo | Que el silencio equivalga a consentimiento o a ausencia de daño |
| ¿Qué sensación produce un trayecto? | El temor, la confianza y las decisiones de desplazamiento | Que la percepción coincida siempre con la frecuencia registrada |
Esta separación es esencial. Una red puede presentar pocas denuncias y, aun así, ser evitada por algunas personas. También puede ocurrir lo contrario: que existan mecanismos de denuncia accesibles y una mayor disposición a comunicar los hechos, lo que eleve los registros sin que eso signifique necesariamente que el riesgo real haya aumentado.
El silencio tiene causas medibles
Las razones para no revelar una experiencia pueden relacionarse con la vergüenza, el miedo a no ser creído, la preocupación por las consecuencias, la falta de confianza en las instituciones o el deseo de evitar un conflicto. No corresponde atribuir una causa concreta sin observar los resultados de la encuesta, pero sí es importante reconocer que “no informar” no es una categoría vacía.
En el contexto del transporte público, estas barreras pueden afectar la interpretación de los datos. Una persona puede continuar utilizando una ruta porque no tiene otra alternativa, mientras modifica sus horarios, evita viajar sola o permanece alerta durante todo el trayecto. Otra puede dejar de usar determinado servicio sin presentar una queja. Si solo se observan las denuncias, esas decisiones pueden permanecer invisibles.
Por ello, la percepción de inseguridad no debe tratarse como una opinión superficial ni como una prueba automática de que un espacio sea objetivamente más peligroso. Es un indicador de cómo la población interpreta el entorno y de qué condiciones pueden estar debilitando la confianza. Su valor aumenta cuando se analiza junto con encuestas de victimización, registros administrativos y estudios sobre el uso del transporte.
Qué debería preguntar una investigación comparada
Para comparar países de manera responsable, no basta con traducir la palabra “seguridad” ni con ordenar territorios según un único indicador. Es necesario comprobar qué población fue consultada, qué periodo cubre la información, cómo se definió la violencia y si la pregunta se refería a una denuncia formal, a una conversación con alguien cercano o a cualquier forma de comunicación.
También importa observar quién queda fuera de la medición. Las personas que no utilizan transporte público, quienes cambiaron de rutina por temor y quienes no desean responder a una encuesta pueden tener experiencias distintas de quienes sí participan. Las diferencias culturales y lingüísticas influyen, además, en la manera de describir un hecho y en la disposición a revelarlo.
Una lectura cuidadosa no convierte un dato sobre violencia sexual en una estadística específica del transporte. Lo utiliza como advertencia metodológica: para entender la seguridad en el desplazamiento diario, hay que estudiar tanto los incidentes visibles como las razones que dificultan que otros lleguen a ser conocidos.
Del registro al derecho a desplazarse
La pregunta central no es únicamente cuántos hechos se registran, sino si las personas pueden desplazarse sin sentir que deben asumir en silencio un riesgo que no saben cómo comunicar. Las estadísticas sobre no divulgación ayudan a ampliar el foco hacia la confianza, el apoyo y la posibilidad de pedir ayuda.
Este enfoque resulta útil para lectores de distintos países porque no depende de una ley, una subvención o una estructura institucional concreta. Invita a revisar qué mide cada fuente y qué experiencias quedan fuera. Allí comienza una evaluación más completa del transporte público: una que considera la seguridad registrada, la seguridad vivida y la seguridad que las personas creen posible alcanzar.
出典
- Central Statistics Office, Ireland, tabla “Those who experienced sexual violence as an adult and did not disclose to others by the reasons for not disclosing”: https://data.cso.ie/table/SVS195